Durante mucho tiempo nos hicieron creer que ser una mujer consistía, en gran medida, en elegir. Elegir entre una cosa y otra. Entre la familia y la carrera. Entre ser fuerte o ser sensible. Entre ser independiente o querer compartir la vida con alguien. Entre cuidar nuestra apariencia o demostrar que tenemos cosas más importantes de las que ocuparnos.
Como si cada decisión tuviera que colocarnos necesariamente en un lado.
Pero ¿qué pasa si no queremos elegir?
¿Qué pasa si queremos tener ambición y también tiempo para nosotras? ¿Si queremos enamorarnos sin dejar de ser independientes? ¿Si nos gusta vestirnos de manera femenina y, al mismo tiempo, no necesitamos que nuestra ropa determine cómo deben tratarnos? ¿Si queremos cambiar de opinión, de profesión, de ciudad, de estilo o simplemente de manera de pensar?
Quizá una de las formas más interesantes de reinventarnos sea precisamente dejar de intentar encajar en una sola definición.

FEMENINA Y FUERTE
Durante años, la feminidad y la fuerza parecían ocupar territorios diferentes. Ser femenina podía confundirse con ser delicada; ser fuerte, con tener que endurecernos.
Pero una mujer no tiene que renunciar a una para demostrar la otra.
Podemos disfrutar de un vestido, del maquillaje, de los tacones o de una rutina de belleza y, al mismo tiempo, ser perfectamente capaces de defender nuestras decisiones, poner límites y ocupar espacios donde nuestra voz importa.
La feminidad no tiene una única apariencia.
Puede ser un traje impecablemente cortado o unos jeans y una camiseta. Puede estar en un labial rojo o en un rostro completamente natural. Puede ser silenciosa, exuberante, romántica, minimalista o cambiante.
No existe una manera correcta de ser mujer.
AMBICIOSA Y ROMÁNTICA
También existe esa vieja idea de que una mujer que quiere triunfar debe sacrificar otras partes de su vida.
Como si tener grandes aspiraciones significara necesariamente renunciar al amor, a la familia, al descanso o a una vida personal plena.
Pero querer crecer profesionalmente no significa dejar de querer una vida emocional rica. Y querer construir una relación tampoco significa renunciar a nuestros sueños.
Podemos quererlo todo, aunque no necesariamente al mismo tiempo y mucho menos de la manera en que alguien más decidió que deberíamos hacerlo.
Hay etapas para construir, etapas para detenernos y etapas para cambiar de dirección.
El éxito no tiene por qué parecerse al de nadie más.

INDEPENDIENTE Y ENAMORADA
Quizá una de las contradicciones más interesantes sea la idea de que necesitar a alguien y elegir a alguien son cosas completamente diferentes.
Ser independiente no significa no necesitar nunca a nadie. Significa poder construir una vida propia y, desde ese lugar, decidir con quién queremos compartirla.
Una relación saludable no debería reducir nuestro mundo. Debería tener espacio suficiente para que ambas personas continúen siendo individuos.
Podemos querer compañía sin perder nuestra identidad.
Podemos amar profundamente y seguir teniendo nuestros propios amigos, proyectos, intereses, dinero, sueños y espacios.
Porque estar con alguien no debería significar desaparecer dentro de alguien.
ELEGANTE Y DIVERTIDA
La imagen de una mujer sofisticada también ha cambiado.
Ya no se trata necesariamente de ser impecable todo el tiempo, ni de vestir de determinada manera, ni de comportarnos según un manual de elegancia.
Podemos llevar una pieza clásica con zapatillas. Un vestido espectacular con una actitud relajada. Una joya heredada con algo completamente inesperado.
El estilo, al igual que la personalidad, funciona mejor cuando no intenta demostrar demasiado.
Y quizá esa sea una de las mayores libertades que podemos darnos: dejar de vestir para cumplir expectativas y comenzar a vestir para expresarnos.
SENSUAL SIN VESTIR PARA NADIE
La sensualidad tampoco debería necesitar explicación.
Durante mucho tiempo, la apariencia de una mujer fue interpretada como un mensaje dirigido a los demás. Si llevaba una falda corta, significaba algo. Si mostraba su cuerpo, significaba algo. Si se cubría, también.
Pero nuestra ropa no tiene por qué ser una invitación, una declaración romántica ni una estrategia.
Podemos vestirnos de manera sensual porque nos gusta cómo nos sentimos.
Y también podemos no hacerlo.
La verdadera libertad está en que ninguna de las dos opciones tenga que justificarse.
CAMBIAR DE OPINIÓN TAMBIÉN ES CRECER
Quizá una de las cosas más difíciles de aceptar sea que no tenemos que permanecer fieles para siempre a la persona que fuimos.
Podemos cambiar de opinión.
La carrera que soñábamos tener a los 25 puede dejar de interesarnos a los 35. La ciudad que alguna vez parecía perfecta puede dejar de sentirse como hogar. Una relación puede terminar. Una amistad puede transformarse. Nuestro estilo puede cambiar. Incluso aquello que creíamos que nunca haríamos puede convertirse, algún día, en exactamente lo que necesitamos.
Cambiar no significa que nos equivocamos.
Significa que tenemos nueva información sobre quiénes somos.
Y esa nueva información merece ser escuchada.
NO TODAS LAS MUJERES QUIEREN LO MISMO
Tal vez el problema comienza cuando intentamos encontrar una definición universal de lo que significa ser una mujer exitosa.
Para algunas, será dirigir una empresa. Para otras, crear una familia. Para algunas será viajar solas por el mundo. Para otras, construir una casa y una vida tranquila. Habrá quienes quieran todas esas cosas y quienes no quieran ninguna.
Ninguna elección es automáticamente más válida que otra.
La libertad no consiste en escoger la opción que la sociedad considera más moderna, más feminista o más admirable.
Consiste en tener la posibilidad de decidir por nosotras mismas.
Y también en aceptar que nuestra respuesta puede cambiar.
TODAS NUESTRAS VERSIONES PUEDEN EXISTIR
Quizá eso sea reinventarse: dejar de preguntarnos cuál de nuestras versiones es la correcta.
La mujer que fuimos no tiene que desaparecer para que aparezca la mujer que somos ahora.
Podemos conservar cosas de nuestro pasado y abandonar otras. Podemos volver a una pasión que habíamos olvidado. Podemos descubrir una nueva. Podemos ser vulnerables un día y tremendamente fuertes al siguiente.
No tenemos que elegir entre pasado y futuro.
Podemos llevar ambos con nosotras.
Porque una mujer no es una sola historia. Es una colección de etapas, decisiones, contradicciones, deseos, errores, aprendizajes y comienzos.


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