No somos una versión final. Somos proceso, movimiento, contradicción y aprendizaje.
La mujer que somos hoy no es la misma que fuimos, ni será la que seremos. Y ahí reside nuestra belleza.
Esta etapa no se define por la edad, el cuerpo, el estado civil ni el éxito externo. Se define por la conciencia con la que empezamos a mirarnos.

Entre lo que fuimos y lo que elegimos ser
- Crecimos con ideas heredadas sobre cómo debía ser una mujer.
- Hoy las cuestionamos.
- Elegimos cuáles nos acompañan y cuáles dejamos ir.
- La identidad deja de ser imposición y se convierte en elección.
La fuerza de la sensibilidad
- Durante años nos enseñaron que sentir era debilidad.
- Hoy entendemos que sentir es profundidad.
- La sensibilidad se convierte en brújula, no en carga.
El cuerpo como historia
- El cuerpo ya no es solo estética: es memoria.
- Cuenta lo vivido, lo amado, lo superado.
- Aprendemos a mirarlo con más respeto y menos juicio.
La libertad de no encajar
- Encajar ya no es prioridad.
- Ser fiel a una misma sí.
- La mujer actual no busca aprobación constante: busca coherencia interna.

El valor de estar presente
La verdadera transformación no ocurre cuando cambiamos de vida, sino cuando empezamos a habitarla.
- Con presencia.
- Con honestidad.
- Con compasión.
Una mujer en construcción
- No estamos rotas.
- Estamos creciendo.
- Y crecer a veces duele, confunde y mueve todo.
- Pero también libera.
Conclusión
- La mujer que estamos siendo no es perfecta.
- Es real.
Y en esa realidad, se está volviendo cada día más libre.


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